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En 1848, una Real Orden de Isabel II nombra a los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera responsables de la redacción de un proyecto que pusiera fin al problema de abastecimiento que acuciaba a Madrid. Así, ambos proyectaron la construcción de una presa, un depósito y un canal que eran suficientes para abastecer con agua del río Lozoya a cinco veces la población de Madrid en aquel entonces.
A Juan Bravo Murillo, presidente del Consejo de Ministros, le entusiasmó la propuesta, hasta el punto de considerarla como la solución que se llevaba tiempo buscando. Con ese convencimiento, el ministro concluyó que era el momento de llevar a la realidad el anteproyecto de Rafo y Ribera. Su aprobación se hizo definitiva, mediante Real Decreto el 18 de junio de 1851. El decreto disponía la construcción de un embalse y de un canal de más de 70 kilómetros de longitud que llevase hasta Madrid el agua del río Lozoya y se convertiría en el punto de partida de lo que hoy conocemos como Canal de Isabel II.
El 24 de junio de 1858, las aguas del Lozoya llegan por primera vez a Madrid, culminando así una de las obras de ingeniería más importantes de su tiempo. El hito se conmemora con la instalación de una fuente con un surtidor de gran altura en la calle ancha de San Bernardo. La reina Isabel II estuvo presente en la inauguración de la traída de aguas a la ciudad.
Mientras en Madrid se iba desarrollando una red de abastecimiento urbano cada vez más amplia para llevar el agua hasta las casas de los habitantes de la capital, en 1869 se inician las obras de la innovadora presa de El Villar, que comenzará a funcionar diez años después. Fue la primera presa de gravedad de planta curva y la más alta en la época, con 50 metros. Hoy en día, constituye la presa activa más antigua del sistema de abastecimiento de Canal de Isabel II.
En 1911 se inaugura la primera central elevadora y el Primer Depósito Elevado, uno de los símbolos más reconocibles de la empresa. Con 36 metros de altura, el depósito contaba con una capacidad de 1.500 m3 y consiguió abastecer a las zonas más altas de la ciudad. En la actualidad está reconvertido en sala de exposiciones.
En 1972 entra en servicio la presa de El Atazar, de más de 134 metros de altura y que recoge las aguas del Lozoya. Hoy en día sigue siendo la reserva de agua más importante de la región. El Atazar cuenta con una capacidad de almacenamiento de agua superior a los 425 hm3, casi la mitad del total del sistema de abastecimiento.
Nace la Fundación Canal con el objetivo de explorar las expresiones artísticas que surgen del vínculo entre el ser humano y su entorno e invitar al visitante a reflexionar sobre la conservación del medioambiente y, especialmente, sobre el valor del agua como recurso escaso y vulnerable.
Fruto del compromiso de Canal de Isabel II, nace el Plan Dpura con el fin de depurar el 100 % de las aguas residuales de la región y de preservar la calidad de las masas de agua. También, en 2005 se firma el convenio por el cual Canal de Isabel II se hace cargo de la gestión de todas las depuradoras de la capital.
Con la puesta en marcha de la Estación de Tratamiento de Pelayos de la Presa, Canal de Isabel II completó la conexión de toda la Comunidad al sistema general de abastecimiento, tras acometer una inversión global de 33,9 millones de euros. La planta está equipada con membranas para la ultrafiltración del agua.
Canal de Isabel II implementó la mayor iniciativa de rastreo y alerta temprana de la COVID -19 que, hasta la fecha, se había desarrollado en España, tanto por el amplio número de puntos de muestreo como por la población estudiada: el sistema cubre los 179 municipios de la región, con 6,8 millones de habitantes.
Gracias a la implantación de la telelectura de contadores mediante tecnología NB IoT, Canal de Isabel II ha desarrollado un sistema avanzado en colaboración con operadoras de comunicaciones y fabricantes. Este sistema permite ofrecer a los clientes información precisa y en tiempo real sobre sus consumos, detectar fugas o incidencias en sus instalaciones y optimizar la eficiencia en la gestión del ciclo integral del agua. Con esta tecnología, Canal de Isabel II avanza hacia el objetivo de disponer del 100 % de los contadores con telelectura en la Comunidad de Madrid a finales de este año.
En 1848, una Real Orden de Isabel II nombra a los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera responsables de la redacción de un proyecto que pusiera fin al problema de abastecimiento que acuciaba a Madrid. Así, ambos proyectaron la construcción de una presa, un depósito y un canal que eran suficientes para abastecer con agua del río Lozoya a cinco veces la población de Madrid en aquel entonces.
A Juan Bravo Murillo, presidente del Consejo de Ministros, le entusiasmó la propuesta, hasta el punto de considerarla como la solución que se llevaba tiempo buscando. Con ese convencimiento, el ministro concluyó que era el momento de llevar a la realidad el anteproyecto de Rafo y Ribera. Su aprobación se hizo definitiva, mediante Real Decreto el 18 de junio de 1851. El decreto disponía la construcción de un embalse y de un canal de más de 70 kilómetros de longitud que llevase hasta Madrid el agua del río Lozoya y se convertiría en el punto de partida de lo que hoy conocemos como Canal de Isabel II.
El 24 de junio de 1858, las aguas del Lozoya llegan por primera vez a Madrid, culminando así una de las obras de ingeniería más importantes de su tiempo. El hito se conmemora con la instalación de una fuente con un surtidor de gran altura en la calle ancha de San Bernardo. La reina Isabel II estuvo presente en la inauguración de la traída de aguas a la ciudad.
Mientras en Madrid se iba desarrollando una red de abastecimiento urbano cada vez más amplia para llevar el agua hasta las casas de los habitantes de la capital, en 1869 se inician las obras de la innovadora presa de El Villar, que comenzará a funcionar diez años después. Fue la primera presa de gravedad de planta curva y la más alta en la época, con 50 metros. Hoy en día, constituye la presa activa más antigua del sistema de abastecimiento de Canal de Isabel II.
En 1911 se inaugura la primera central elevadora y el Primer Depósito Elevado, uno de los símbolos más reconocibles de la empresa. Con 36 metros de altura, el depósito contaba con una capacidad de 1.500 m3 y consiguió abastecer a las zonas más altas de la ciudad. En la actualidad está reconvertido en sala de exposiciones.
En 1972 entra en servicio la presa de El Atazar, de más de 134 metros de altura y que recoge las aguas del Lozoya. Hoy en día sigue siendo la reserva de agua más importante de la región. El Atazar cuenta con una capacidad de almacenamiento de agua superior a los 425 hm3, casi la mitad del total del sistema de abastecimiento.
Nace la Fundación Canal con el objetivo de explorar las expresiones artísticas que surgen del vínculo entre el ser humano y su entorno e invitar al visitante a reflexionar sobre la conservación del medioambiente y, especialmente, sobre el valor del agua como recurso escaso y vulnerable.
Fruto del compromiso de Canal de Isabel II, nace el Plan Dpura con el fin de depurar el 100 % de las aguas residuales de la región y de preservar la calidad de las masas de agua. También, en 2005 se firma el convenio por el cual Canal de Isabel II se hace cargo de la gestión de todas las depuradoras de la capital.
Con la puesta en marcha de la Estación de Tratamiento de Pelayos de la Presa, Canal de Isabel II completó la conexión de toda la Comunidad al sistema general de abastecimiento, tras acometer una inversión global de 33,9 millones de euros. La planta está equipada con membranas para la ultrafiltración del agua.
Canal de Isabel II implementó la mayor iniciativa de rastreo y alerta temprana de la COVID -19 que, hasta la fecha, se había desarrollado en España, tanto por el amplio número de puntos de muestreo como por la población estudiada: el sistema cubre los 179 municipios de la región, con 6,8 millones de habitantes.
Gracias a la implantación de la telelectura de contadores mediante tecnología NB IoT, Canal de Isabel II ha desarrollado un sistema avanzado en colaboración con operadoras de comunicaciones y fabricantes. Este sistema permite ofrecer a los clientes información precisa y en tiempo real sobre sus consumos, detectar fugas o incidencias en sus instalaciones y optimizar la eficiencia en la gestión del ciclo integral del agua. Con esta tecnología, Canal de Isabel II avanza hacia el objetivo de disponer del 100 % de los contadores con telelectura en la Comunidad de Madrid a finales de este año.